martes, 3 de octubre de 2017

LA REINA DE LA FIESTA




Ayer fue mi cumpleaños. Cincuenta y dos castañas en el calendario convencional y 4 añitos en el calendario de “por poco la cascas”. A mí me encanta celebrar los cumpleaños. Cada vez más, de un tiempo a esta parte. Y los celebro súperjapy. Este año una amiga me ofreció la terraza de su piso para celebrarlo y le dije que bueno. Cada uno de los que integraban la flor y nata de los allí reunidos habíamos quedado en llevar algo para comer y beber. También hubo vino, regalos y una tarta muy especial.
Me sentía como una niña chica la noche de reyes. Una terraza espléndida, la luna, ¡ay la luna...! En un momento dado largué el discursito de rigor y no pude evitar emocionarme (que me pasa siempre,  que no lo puedo evitar).
 Cada una de la decena de personas que se hallaba en la terraza había hecho algo más que asistir a una simple fiesta de cumpleaños. Algunos tuvieron que hacer malabares con su agenda; una amiga tenía que cuidar esa noche de su madre que tiene alzheimer y lo arregló para poder estar un rato allí. Otra amiga dejó a su marido y sus tres hijos en su casa (las parejas no estaba invitadas); otra amiga dejó a su recién estrenado pollo. Otra vino solo a dejar la tarta de tres chocolates que hizo con todo su amor. Saludó y se marchó. No se encontraba bien y, aun así, hizo la tarta y vino a traerla desde el quinto coño para que la reina de la fiesta no se quedara sin soplar las velas. No podía sentirme más afortunada…

Al día siguiente de celebrar mi cumpleaños no dejé de sonreír en todo el día. Fue genial. Qué bien sienta celebrar ese tipo de fiestas. Esa clase de fiesta en la que celebras que cumples un año más rodeada de gente maravillosa, con buena vibra, y tanto cariño para dar y para recibir. Se notaba y flotaba por el ambiente la buena energía y, por supuesto, no faltó el Dancing Queen. Eso, siempre.
Durante la fiesta, de la que no daré más detalles, tuve una revelación:  decidí centrarme en terminar de escribir mi libro. Sin miedo a nada. A nadie. Ya solté.
 También decidí utilizar  mi blog como espacio para colgar mis pensamientos y cosas de ese estilo que cuelgo en Facebook. Que para eso están los blogs, joer, no sólo para escribir artículos.

Para terminar esta pseudocronica de feliz cumpleañera, me gustaría añadir algunos pensamientos o revelaciones (cada prójimo que lo interprete como quiera): pienso cumplir más años. Voy a celebrarlo cada vez con más ganas. No me va a hundir ni a hacer daño nadie. Lo que no me ha matado me ha hecho más fuerte. Si me atacan, me defiendo. Y a nadie, absolutamente a nadie, le voy a otorgar el poder de controlar, manejar o ser dueño de mi felicidad.
Creo que eso todo por hoy, querido diario. Te prometo que a partir de ahora te visitaré más. Palabrita de niño Hezú. 

Buenas noches.








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