jueves, 25 de junio de 2026

MOMENTOS QUE NO TIENEN PRECIO II

 


Querido diario:

Hoy he tenido mi revisión anual en el hospital de Hematología de Jerez. Al principio las revisiones eran cada tres meses, luego cada seis meses y, por último, cada año. Entre las fotos de arriba y las de abajo, en la que hoy he hecho sonar la campana, han pasado casi doce años y medio...

Hoy me han dado el alta médica del Linfoma No Hodking pulmonar agresivo que se extendió también por mi bazo, mi pleura y mi hígado, donde comenzó la metástasis.

No tengo palabras para expresar todo lo que me gustaría expresar. No ha sido tarea fácil lidiar con una enfermedad tan grave, en la que para que la curación sea algo más que una quimera se requieren, sobre todo,  tratamientos eficaces y acompañamiento familiar.

En cuanto a los tratamientos, de todo tipo y durísimos, cada día doy las gracias por vivir en un país en el que la Sanidad es Pública y mi curación no dependía de mi tarjeta de crédito; de ser así es muy probable que no estuviera escribiendo estas líneas.

En cuanto al acompañamiento familiar, en mi primer libro El diario de Amanda Flores (solo para valientes) narro de puntillas, con mucha elegancia, algunos detalles que describen de soslayo la maldad de todos mis hermanos y hermanas, que además de culpables de mi abandono (del que ha sido testigo todo el mundo) durante todo el proceso de mi enfermedad, son cómplices necesarios de mi ex marido: un maltratador de manual.

Ya no tengo miedo ni vergüenza para expresar la verdad. Sin eufemismos. Doce años y pico dan lo suficiente como para comprender que la vergüenza está al otro lado.

El sonido de la campana que he tocado hoy, después de recibir el alta, es el punto y final de una etapa y el comienzo de otra que me pilla en los sesenta. Quiero dejarlo escrito por aquí, como un decreto: fuera lo malo y que venga lo bueno.

Gracias, infinitas gracias, a la Sanidad Pública. La SALUD es nuestro mayor tesoro para vivir cada día, para tocar la campana, para conocer nuevas almas con las que compartir momentos que no tienen precio y  este poema de Karmelo C. Iribarren.


MOMENTOS QUE NO TIENEN PRECIO

Llegar al fin

hasta la puerta 

de tu casa, entrar,

echar todas las cerraduras,

y, como quien saborea 

el sabor de la venganza,

decirlo:

"Ahí os quedáis,

hijosdeputa".

 -Karmelo C.Iribarren





A Toñi y José María




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domingo, 27 de julio de 2025

NO TODOS SOMOS TIBURONES

 


De la película Up in the air, como de los cochinos, me gustan hasta los andares de su protagonista.

Cuando George Clooney hacía de médico en la serie Urgencias no vi ni un capítulo: me parecía el típico guaperas que se se va ligando todo lo que tiene pulso, que no digo yo que no lo fuera, pero quién soy yo para juzgar a nadie.
Lo que daría  ahora por encontrar un médico como él, aunque me tuvieran que poner una pastilla debajo de la lengua por el shock. Qué verdad es eso de que lo que vemos de las personas es como la pasta de un libro y lo que desconocemos de ellas el interior de ese libro, y que casi siempre juzgamos a las personas por la pasta exterior de su libro.

A Clooney lo descubrí en Los hombres que miraban fijamente a las cabras (que bordó junto a Ewan McGregor y Jeff Bridges), una de esas películas que pasan desapercibidas por la taquilla y que la crítica menosprecia porque no es comercial y va más allá de lo que la masa espera.




Anoche, creo que por quinta vez, volví a ver Up in the air en la tele y como siempre que la veo me llevó a nuevas reflexiones. Es una película llena de paralelismos, de metáforas, de situaciones divertidas y sorprendentes. Mientras escribo esto tengo puesta de fondo su banda sonora que hago mía después de llevar colgando como un escapulario otra que ya no me corresponde, que quedó atrás junto con objetos, casas, personas, que ya no pertenecen ni al presente que habito ni al futuro que sueño. 
Para continuar avanzando, muchas veces es conveniente ni siquiera recordar aquellas personas o situaciones que nos decepcionaron y evitar otorgarles una inmerecida importancia.

La tendencia a confundir recordar con echar de menos me llevó a cargar con una mochila llena de piedras, de expectativas y de humo. Es lo que tiene ser PAS (Persona Altamente Sensible), que una se cree que todo el mundo es igual de empático, cuando lo que de verdad abunda es el postureo.

Precisamente fue la metáfora de la mochila en Up in the air la que propició que anoche mi mente se descorchara como una botella de Lambrusco, después de una larga temporada de apatía, en general, y literaria en particular, que me ha llevado a sopesar largo y tendido si me compensaba seguir escribiendo.

La metáfora de la mochila tiene dos partes que aparecen en diferentes momentos de la película. La primera parte comienza con la siguiente pregunta: ¿Sus vidas cuánto pesan? y a partir de ahí Clooney comienza a enumerar una serie de objetos que forman parte de lo cotidiano (el resto no lo voy a destripar para preservar la curiosidad y de paso, recrearse la vista con semejante pibón en el enlace de YouTube que pongo al final).

En la segunda parte de la metáfora de la mochila George invita a los asistentes a su conferencia a llenar la mochila de personas. Tampoco quiero destripar esta segunda parte, pero como aperitivo, las frases:

"Puedo asegurarles que sus relaciones son la carga más pesada de su vida. Todas esas negociaciones, discusiones, secretos y compromisos", o
"Nosotros no somos cisnes sino tiburones" son, como poco, para  reflexionar.

Anoche, frente a Clooney, estuve reflexionando sobre el año pasado, lo que conseguí, lo que no ha llegado...
Lo de siempre si no fuera porque este año he dejado, estoy dejando  atrás a unos cuantos y cuantas fraudes. Y sí, ya sé que me estoy quedando más sola que la una pero el año que que quedó atrás  viví situaciones que harían vomitar a una cabra y ya no tengo ni el estómago ni el chumino para según qué menesteres, así que mejor sola que mal acompañada. 

Los tiburones están por todas partes, y si no que se lo digan a Steven Spielberg. Y como en sus películas, hay que alejarse de ellos o acabar con ellos, o de lo contrario uno acaba mimetizándose en lo que le rodea: en un fraude. 

Por eso hay que soltar el ancla, vaciar la mochila y volver a llenarla con las plumas que irán tejiendo el traje de cisne. No todos somos tiburones.


Aquí está la secuencia completa. Que la disfrutes...




Volveré.


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