jueves, 29 de marzo de 2018

LA ENVIDIA II (SÍNTESIS)




 Esta es la segunda parte de "LA ENVIDIA", en síntesis.
 (http://amanda-flores.blogspot.com.es/2017/09/la-envidia.html).
Buen provecho.


 Un virus puede infectarle, tenga cuidado. Incubado desde las primeras etapas de la vida, irá parasitándole de forma sutil, originándole unos síntomas que quizás no perciba, no detectables en análisis ni radiografías, pero que, como un apestoso, le irán alejando de su entorno.
  Si nota un pesar o dolor por el bien ajeno; si le asaltan frecuentes apetencias por cualidades u objetos que otros posesionan, es muy posible que ya esté contagiado. Si usted es de los que piensa que son los demás los que están mal mientras uno está 0.K., quizás no se de cuenta de esta infección hasta que los efectos sean irreversibles.
  Para detectar el foco infeccioso, tendrá que pedir ayuda, tendrá que meter su alma en la lavadora, en algún momento debería pensar que algo le pasa.
  Pero, ¿de qué virus hablamos? Ni más ni menos que del deletéreo virus de la envidia; aparece ya en la Biblia, con el tema de los ángeles caídos que envidiaban la capacidad creadora de Dios. Caín, paradigma del contagio, nos muestra cómo la enfermedad se da entre próximos,entre personas cercanas. Se puede presentar de manera muy enmascarada, resultando de muy difícil reconocimiento, y no tiene una explicación lógica pues muchas veces el envidiado no comprende el ser objeto cuando el contagiado disfruta de una mejor situación en la vida.
  Envidiar significa “ no ver “, no quiero ver al otro, y no ver es desear su aniquilación, que se muera, y si no puedo, que no disfrute lo que tiene, aunque yo no lo disfrute. Ni vivo ni dejo vivir. Claro, que muchas veces no se es consciente de este motor averiado. Se ve que estamos ante una patología profunda; uno necesita como ir sacando capas de sí mismo para poder llegar a enfrentar y ver la naturaleza de lo que es esta enfermedad.
  Cuando afecta a una comunidad actúa como si una gangrena se tratase. Se apodera de un pueblo, empieza a sembrar algo así como la chatura, pues la envidia de los demás hace que uno se modere ya que en caso de sobresalir puedo reactivar la infección. Obliga a la gente a no llamar la atención, a entregarse a la rutina pues hacer algo nuevo es sobresalir. Lo nuevo significa algo original, y lo nuevo y lo original supone una actividad creadora, de ahí las defensas del grupo social frente a lo nuevo, el deporte del misoneísmo (aversión a lo nuevo ). Cercena así una necesidad básica del ser humano como es la individualidad, el respeto por lo propio, la necesidad de ser originales, de ser creadores de nuestra propia existencia. Los afectados van con su lengua minando y destruyendo y los damnificados se alejan. Pero la envidia no permite
crecer, condena al afectado a cocerse en su propia salsa.
  Para Melaine Klein, es la expresión de impulsos destructivos originados en una fractura en la relación madre/hijo durante la lactancia. Algo ha fallado. El pecho materno, además de leche, ofrece amor, calor, protección. Si el niño no recibe la dosis que necesita, vivirá la ambivalencia de destruir la fuente de sus desdichas y la necesidad de conservarla. De una buena relación surgirá el agradecimiento, de ahí las raíces tan profundas que presenta la ingratitud. Y para luchar contra este virus sólo existe la vacuna de la caridad pues el envidioso no tiene el remedio en sí, necesita profundamente de los otros para reparar aquella herida primaria de Klein.

Y si aparece la caridad, hay que distanciarse de este virus, por salud mental.

("Cómo curar al mostruo". Por Jiddu Kruhsnamurti)






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