viernes, 6 de diciembre de 2019

CITA A CIEGAS (EL SHOW DE AMANDA IV)






La vida me sonríe. Hoy tuve una cita a ciegas. Habíamos quedado por la tarde, pero se ha adelantado unas horas porque él tenía un hueco en su agenda. ¡Yupi! He acudido tranquila, aunque, a qué negarlo, algo inquieta; estamos en T.A. (Temporada Alta) de calcetines y pelos y cualquier parecido con El Yeti y mis piernas no es pura coincidencia. He aparcado mi coche en un entorno idílico con árboles acompañados por una banda sonora de pajarillos  ajenos a las zambombas navideñas que hay por todas partes en Jerez. Ya en la recepción del sitio he presentado mi carné de identidad, me han tomado los datos y, por último, me he dirigido a la habitación. Estaba en penumbra. Discreta, silenciosa y acogedora. No he esperado a que llegue mi cita: me he quitado la ropa del tirón y me he puesto un camisón transparente. Mucho mejor así... No me quito los leggings por el tema pelos; me tumbo a esperar tranquilamente y aprovecho para cerrar los ojos y meditar un poco. Mi nirvana se ve interrumpido por el sonido de la puerta cuando él entra en la habitación... Me sonríe... Es muy guapo… Este pollo no vuelve a cumplir los 45; ojos claros, mirada pícara, ¡con pelo!, y para rematar, un acento argentino/uruguayo que llena la estancia como un Mon Cherí de chocolate relleno de licor. Intercambiamos impresiones, apresuradas, y al poco, me pide que no hable y que le deje hacer... Luego se sienta junto a mí, tira suavemente del camisón transparente, por la parte del cuello concretamente, y lo desliza hacia abajo con delicadeza. Le dejo hacer... Saca un bote, unta esa parte tan erógena de mi cuerpo – el cuello - con una crema y comienza a masajearme con una especie de rodillo muy agradable...  De arriba hacia abajo, haciendo pequeños círculos...  de lado a lado de mi escote… Debajo de una oreja, luego de la otra… casi rozando mi nuca… Mantengo los ojos cerrados y me dejo querer… Al cabo de un rato la magia termina.

Cuando acabamos se marcha de la habitación. Antes de irse me dice que todo ha estado mejor que bien y yo le suelto que hace mucho mucho tiempo que un hombre no me toca de esa manera. Sonríe y me lanza esa mirada, entre pícara y divertida.Y con su acento argentino/uruguayo me dice, satisfecho, que le encanta que todo haya sido de mi agrado. Se marcha y me quito el camisón, me coloco la indumentaria que traía puesta, me cuelgo los pendientes y atuso un poco mi pelo alborotado antes de dirigirme de nuevo a la recepción del sitio.
La recepcionista es atenta, eficiente y educada. Me dice que los resultados de mi ecografía se los enviarán a mi doctora dentro de una semana. Me despido con una sonrisa de oreja a oreja.
Muchas gracias, muy amable, le digo a la recepcionista-atenta cuando salgo. Y mis piernas peludas y servidora nos volvemos a casa felices porque los centros médicos privados concertados con la Seguridad Social también hacen caja los días de fiesta. Y como everybody está zambombeando en Jerez, me han adelantado la cita tres horas, no he tenido que esperar ni diez minutos para que me atienda un pimpollo monísimo, y en el aparcamiento no había ni un alma de los que cobran a euro la plaza. ¡Olé! Ojalá todas las citas a ciegas fueran como esta, visto lo visto. Y ahora voy a comer algo y descansar un rato, que esta tarde he quedado para salir con una amiga. Seguro que la vida me vuelve a sonreír esta tarde noche. Al tiempo.





domingo, 17 de noviembre de 2019

NO TE DETENGAS





NO TE DETENGAS
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros «poetas muertos»,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los «poetas vivos».
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.
( Walt Whitman)
(Los datos, el artículo, que añado a continuación para conocer un poco más a Walt Whitman, están escritos por obra y gracia de Antonio Fernández Vicente, Profesor de teoría de la comunicación en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Antonio Fernández Vicente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Le he escogido para conocer algo sobre la fascinante vida de Waltt Whitman, precisamente, por su no vinculación a medio de comunicación, periódico, o cualquier medio de des-información que pudiera contaminar algo escrito por/y con tan puro amor al arte. En este caso, al Arte de Walt Whitman.
Amanda Flores)



"Examina todo lo que te han dicho...borra lo que insulta tu alma"
Walt W.



¿Qué podemos aprender de Wat Whitman?

A quien quiera vivir:
Aquí hallará algunas sencillas lecciones de Walt Whitman, uno de los padres del transcendentalismo, nacido hace ya 200 años.

Viva deliberadamente y experimente por sí mismo

No permita que otro le cuente lo que es la vida. Ni siquiera el propio Whitman:

Ya no recibirás de segunda o de tercera mano las cosas, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni te alimentarás de los espectros de los libros, Tampoco mirarás por mis ojos, ni aceptarás lo que te digo”.

Tome las riendas de su destino y, como el David Copperfield de Charles Dickens, el tiempo dirá si se ha convertido en el héroe de su historia, alejado “de escuelas y de sectas”. Vivir deliberadamente significa antes que nada aventurarse en lo incierto.

Me despojo de lo conocido. Lanzo conmigo a todos los hombres y a todas las mujeres a lo Desconocido”.

La mejor poesía es la acción: pensar es hacer. Whitman nos invita a ser espectadores y jugadores al mismo tiempo, a mirar y asombrarnos de lo más ínfimo en apariencia. ¡Aprenda a sentir y viva!, como nos urgía Margaret Fuller en Verano en los lagos:

Al haber ‘vivido un día’, podemos partir y ser merecedores de vivir otro”.

Ame las pequeñas alegrías

Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral envuelto en su propia mortaja”.

Una vida sin amar lo que se hace, lo que se siente, es una vida desperdiciada en sueños deleznables. ¿Qué es suficiente para vivir bien?

Me he dado cuenta de que me basta estar con los que uno quiere, Me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero, Me basta sentir la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama”.

Whitman reivindica las alegrías carnales del aquí y ahora, de los paseos sin rumbo, maravillados por la riqueza de lo que admiramos con la curiosidad del niño.

Estoy enamorado de cuanto crece al aire libre”.

El autor de Canto a mí mismo rechaza la fama y las satisfacciones consumistas; la obsesión por el dinero y sus comedias humanas. Vive en la intimidad de los cuerpos y la Naturaleza para no ser póstumo en vida.


Hay pequeñas alegrías, como las descritas por el antropólogo Marc Augé, que nos hacen disfrutar de la felicidad del instante. Lo más insignificante e insospechado será lo que le haga sentir vivo. Serán sus mejores recuerdos. Su memoria más valiosa.

Creo que una hoja de hierba –afirmaba Whitman– no es menos que el camino recorrido por las estrellas”. ¿Por qué no ser capaces, como William Blake, de ver un mundo en un grano de arena?

¿Sentirá alegría al leer con atención a Whitman, una y otra vez? ¿Al comprobar, quizás, que en alguna de las líneas que escribió está usted mismo reflejado, como en un espejo eterno? ¿Al leer sus poemas a quien quiere? ¿Al amar a quien los lea para usted?

Invente su propio personaje

El escritor Jorge Luis Borges subrayó en el prólogo de Hojas de hierba: “Casi no hay página en que no se confundan el Whitman de su mera biografía y el Whitman que anhelaba ser y que ahora es, en la imaginación y en el afecto de las generaciones humanas”. Whitman, como usted, era plural e infinito.

¿Por qué buscar la absoluta coherencia? ¿No es mejor aceptar que cada uno de nosotros somos de mil formas diferentes? Hoy usted es así. Mañana, será otro. ¿Se reinventará a usted mismo o dejará que otros imaginen sus personajes?

¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo. (Soy amplio, contengo multitudes)”.

Mentir es a veces un bello desliz, siempre que hermosee las grises realidades. Los hechos suelen ser contumaces y estériles. Se agotan en sí mismos. ¿Qué importa si cada vez que relata una historia vivida predomina lo imaginario?

Es la reivindicación estética que también Oscar Wilde sostenía en La decadencia de la mentira. ¿Quién quiere ser consecuente? El escritor rumano Émile Cioran nos decía que la mentira es una forma de talento, al fin y al cabo. Desconfíe de las personas coherentes: no son honradas ni sinceras.

Nos sugería Wilde que “mirar una cosa y verla son actos muy distintos. No se ve una cosa hasta que se ha comprendido su belleza”. La belleza de Whitman reside más en sus biografías inventadas que en su vida real. Como su belleza y la mía.

La vida es la “herencia de muchas muertes”

En una carta de Henry David Thoreau a Ralph W. Emerson, otros dos trascendentalistas, leemos: “La muerte es hermosa cuando se la ve como una ley y no como un accidente”.

Esa ley natural, nos lo enseña Whitman, desvela que, en el ciclo de la vida, la muerte es una transición. Whitman abandonó lo material para revivir en nosotros a través de sus poemas. Para fundirse con la Naturaleza que tanto amó.

Que el lodo sea mi heredero, quiero crecer del pasto que amo; Si quieres encontrarte conmigo, búscame bajo la suela de tus zapatos”

Hojas de hierba y Walt Whitman son eternidades que nos enseñan a “vivir un día”. Son clásicos, y “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, como aprendemos de Italo Calvino.


Cuando los lea, nuevas imágenes –un poema es una imagen– brotarán de sus inagotables líneas. Sentirá “caminar con la vista” y las palmas de sus manos “abarcarán continentes”, acompañado de Whitman quizás bajo la suela de sus zapatos:

Sé tan feliz como si yo estuviera a tu lado. (No estés demasiado seguro de que no esté contigo)”.

Todas las citas de Walt Whitman provienen de la traducción de Jorge Luis Borges: Hojas de hierba, Barcelona, Lumen, 1972.


domingo, 17 de febrero de 2019

LICENCIA PARA MORIR




No estamos preparados para lo desconocido. Hasta la agonía más evidente tiene cabida en nuestra zona de confort. Nacemos y nos imponen una religión que no hemos elegido, un nombre que puede que no nos represente. Luego nos educan mediante un sistema que fomenta y  premia la acumulación de conocimientos; un sistema que descarta métodos que hagan pensar al individuo para que tome sus propias decisiones y sea capaz de elegir. Nos enseñan a que en la obediencia reside el ser bueno. Ser el mejor de la clase es el orgullo de cualquier padre. Parece que la vara de medir nuestro éxito personal reside en el que han cosechado nuestros hijos. La tecnología mal utilizada es la gota que ha colmado el vaso de este sinsentido en que se está convirtiendo la vida. Nos han preparado para hacer la primera comunión, para casarnos, tener hijos, bautizarlos, invertir nuestro tiempo y dinero en que sean los mejores... Vivimos en un estado de competitividad permanente. Hasta el infinito y más allá. Pero no nos han educado para vivir un modelo de vida que nos prepare para morir.


Cuando tenía once años vi morir a mi padre a chorros. Aunque rezaba cada día para que viviera al dios que me habían asignado, llegó un momento en que, a pesar de mi corta edad y de la adoración que sentía por mi padre, le pedí a ese dios que se lo llevara. Nadie me lo había enseñado, pero yo escogí creer que no hemos venido a este mundo para sufrir gratuita e innecesariamente. También perdí a mi madre hace quince años. Se fue con Matrícula de Honor en su cuota de sufrimiento. En esta sociedad atontizada por lo que nos han enseñado e impuesto, parece ser que cuanto más sufres, más puntos ganas para obtener el título de "Mejor madre."

Sé algo en cuanto a experiencia vital se refiere y he llegado a la conclusión de lo equivocada que he estado durante todos estos años. Hasta que he comenzado a comprender y, sobre todo, a preferir.
Vivimos en una sociedad en la que los que mandan se jactan de que la esperanza de vida ha aumentado no sé cuántos años de un tiempo a esta parte. Lo que no dicen es que la calidad de esa esperanza de vida es, en muchos casos, un tormento para los que están al cuidado de unos padres dependientes, durante muchos años, de los cuidados de unos hijos angustiados porque no saben si están haciendo lo suficiente, lo correcto, o si son lo buenos hijos que se espera de ellos. A veces sienten culpa por permitirse pensar que eso no es vida y que nadie merece sufrir de esa manera. Y lo hacen calladamente. Una sociedad enferma que nos ha enseñado e impuesto todo lo que le hemos permitido. Una sociedad que no nos ha enseñado que morir forma parte de la vida, y que nadie se va a llevar las dos orejas y el rabo, ni tampoco va a salir por la puerta grande por haber sufrido más.

En estos momentos, no una, ni dos, ni tres, muchas amigas, se encuentran en la tesitura que yo viví hace años. Tienen a sus madres o a sus padres enfermos. Algunos, dependientes, desde hace casi una década. Alguna se puede permitir ayuda externa. Otras han tenido que adaptar sus trabajos, sus horarios, su todo, para poder asistir, en la medida de sus posibilidades, y más allá, a esos padres que forman parte de las estadísticas del aumento de "la esperanza de vida". Desesperanza de vida, lo llamo yo.
Nacemos y nos “preparan” para casi todo menos para morir. Aunque sea a costa de ver consumirse y vegetar el cuerpo que te dio la vida. “Por lo menos está aquí”, he escuchado decir alguna vez. Como si tuvieran la certeza de que lo hay después de la vida es un infierno mucho peor del que están viviendo ahora. 
El aumento de “la esperanza de vida” es un engaño, amén de un lucrativo negocio. Se nos ha enseñado a acumular de todo, pero no a soltar. Morir también es soltar. No pasa nada por desear que se acabe el sufrimiento de nuestros seres queridos. Todos tenemos un ciclo vital que se agota con los años. Ojalá no viviéramos en una sociedad tan profundamente enferma que otorga licencias para vivir a costa del sufrimiento propio y ajeno, abanderando una caridad que en realidad forma parte de un gigantesco negocio. Una sociedad en la que no está bien visto pensar que, de la misma forma que nacemos, morimos, y que tener licencia para morir no solo es lícito, sino necesario para marcharnos con lo único que podemos llevarnos  puesto: nuestra dignidad.
 Cuánto miedo e ignorancia nos han inoculado hacia lo desconocido y cuánto nos queda por desaprender...


"Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte." (Blaise Pascal)


domingo, 27 de enero de 2019

NO ES GUAPEZA TODO LO QUE RELUCE



A veces no todo es lo que parece. A veces,  cuando llegamos al lugar con el que hemos soñado tantísimo visitar nos sentimos engañados por lo que encontramos.  A veces, un palacio es una cárcel y un apartamento de cincuenta metros es una ventana al cielo. A veces,  lo que parece un amigo oculta un interés. A veces, lo que aparenta ser una persona sana es un ser profundamente enfermo y, por lo contrario, alguien cuyo historial médico da miedo, goza de una salud envidiable. A veces, detrás de una persona aparentemente sola se encuentra un alma que se ha encontrado a sí misma y, en cambio, detrás de alguien que exhibe tener una estupenda salud familiar y social, incluso con cientos de seguidores en Redes Sociales, se oculta una persona tremendamente sola. A veces, detrás de una persona rica hay alguien tan pobre que solo tiene dinero y detrás de alguien que apenas sobrevive con sus ingresos se averigua a un millonario. A veces, detrás de alguien que aparenta ser como una fortaleza inexpugnable se encuentra una persona sencilla y agradecida. Por todo y con todos. A veces, el interior de muchos triunfadores alberga seres ingratos con quienes le ayudaron de una u otra forma a alcanzar el éxito. A veces, muchas veces, nada es lo que parece.
El "Descubrimiento semanal" del Spotify se ha llenado de corazones y de canciones románticas. Se acerca el día de San Valentín. Un año más en mi agenda no hay nada especial ese día en cuanto a enamoramiento se refiere. Aun así hago cosas que se presuponen para parejas, como por ejemplo, visitar  Venecia. La inexperiencia me llevó a ir a pasar un día de noviembre a un lugar en el que en invierno anochece a las cuatro de la tarde. Más que una excursión, corrí una maratón detrás de una por entonces amiga que me llevó con la lengua fuera y que me colapsó de puro agotamiento, amén de tirar por tierra la estereotipada imagen y la fantasía que albergaba mi imaginación de tan exquisita ciudad. La vorágine de personas que impedían ver tanta belleza, la desgana de los que trabajan por y para el turismo consumidos por el hartazgo de ver a miles de personas todos los días, las tiendas de chinos por todas partes y la masificación en estado puro no tenía nada que ver con la idea que yo guardaba en mi retina romántica.




Cuando vi en los medios de comunicación las imágenes de la boda de cuento de George Clooney con Amal Alamuddin en Venecia me soñé allí navegando en una de las lanchas que acarreaban a los invitados por los canales, ataviados con vestidos largos, tacones y pajaritas, a cada uno de los eventos que tuvieron lugar en los cuatro días que duraron las celebraciones del enlace.
A mí George Clooney nunca me gustó. No me van los guaperas y este parecía un calavera a todo tren. Por este prejuicio no  me seducían sus películas. Pero con “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” se me encendió la bombilla. Su papel parecía hecho a medida, no solo por su interpretación, sino porque al igual que el libro de Jon Ronson en el cual se inspira, la película de Grant Heslov además de estar basada en hechos reales es inteligente, divertida y con buen trasfondo.
El 7 de junio de 2018, George Clooney recibió  el American Film Institute (AFI) Life Achievement Award.  Desde 1973 es considerado como uno de los premios más importantes de la industria del cine.  Clooney fue seleccionado para recibirlo por su versatilidad y su liderazgo en la industria del cine, donde es la única personalidad del mundo que ha conseguido ser nominado en seis categorías distintas de los premios Oscar de la Academia (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Secundario, Mejor Guión Original y Mejor Guión Adaptado). En 2005 ganó su primer Oscar como Mejor Actor de Reparto por Syriana, y en 2012 se llevó una segunda estatuilla como productor de Argo. También ha sido nominado en la categoría de Mejor Actor, Mejor Guión Adaptado y en las categorías de Mejor Director y Mejor Guión original. Uno de los momentos más celebrados de la ceremonia fue cuando su esposa, Amal Clooney habló de la admiración que siente por su esposo. “A pesar de que la modestia de George le atribuye a la suerte mucho del éxito que celebramos esta noche, creo que su increíble talento y carácter lo trajeron hasta acá. Estos atributos lo hacen un esposo y padre maravilloso”, dijo. También recordó a modo de anécdota cómo se inició su romance y que después de cinco años casados el amor que se profesan es el mismo que el del primer día. Al escuchar su discurso, el actor soltó algunas lágrimas.

Ni que decir tiene que me hice fan del “Don Juan”. Y no solo por la cantidad de triunfos que ha cosechado durante su carrera profesional y por su solidaridad, politizada por algunos, sino porque es un Ser Agradecido. Me conquistó definitivamente tras “el detalle” que tuvo en 2013 con sus amigos. Un año muy especial para mí en el que los amigos, fundamentalmente, fueron también la diana de mi gratitud. Sí, las apariencias engañan, no todo es lo que parece. ¿Por qué no? A lo mejor detrás de la belleza de fábrica y la fama que adquiere una persona durante su vida todavía es posible descubrir compromiso y generosidad. La idea de que en esta vida vale la pena tener buenos amigos y  de que todo el vínculo impalpable que desarrollo con los míos no es fruto de suplir cualquier carencia afectiva que menoscabe mi existencia, se materializó tras leer el artículo que explicaba la última ocurrencia del fascinante George Clooney.
“Oye, resérvate el 27 de septiembre de 2013 – comunicó el actor a cada uno de los 14 amigos íntimos  que junto con él formaban su grupo de amigos, Los chicos – vendréis todos a cenar a mi casa”. Cuando los amigos llegaron a la cena, sobre las sillas de cada comensal había una bolsa de deportes negra. “Escuchad – soltó el anfitrión -, quiero que sepáis cuánto significáis para mí. Cuando llegué a Los Ángeles dormí en vuestros sofás. Soy muy afortunado en mi vida de teneros a todos y no podría estar donde estoy hoy sin todos vosotros. Por tanto, ha sido realmente importante para mí que, mientras sigamos juntos, os devuelva el favor. Así que quiero que abráis vuestras maletas”. Las abrieron y encontraron muchos billetes de 20 dólares que sumaban un millón. Cada uno de Los chicos recibió un millón de dólares. Todos quedaron en shock. ¿Cómo? ¿Qué es esto?, se preguntaban.
“Sé que todos hemos pasado por momentos difíciles, algunos aún estáis pasando por ello (algunos de sus amigos tenían trabajos temporales o más austeros con los que mantener a su familia. Uno estaba trabajando en un bar del aeropuerto de Texas, otro iba a trabajar todos los días con frío o lluvia, y todos se habían ocupado o le habían ayudado).     No tenéis que preocuparos por vuestros hijos, por pagar la escuela ni la hipoteca – continuó - . He pagado los impuestos de todos, así que este millón de dólares es íntegramente para vosotros”. Rande, uno de Los chicos se negó a aceptar el regalo de su amigo, ya que él tenía una más que buena situación económica. “Si Rande no se lleva su millón de dólares, nadie lo hará”, concluyó el obsequioso celebrante. Así que Rande no tuvo más opción que aceptar. La fecha elegida para celebrar este acto no fue casual, ya que un año después, el 27 de septiembre de 2014, se casaba con Amal.
No sé si volveré a Venecia, aunque, por qué negarlo, me gustaría hacerlo de la mano de mi particular George Clooney y celebrar allí el día de San Valentín, aunque no sea catorce de febrero. El verdadero triunfo no se cuenta por los premios que tengas en tus estanterías o paredes, sino por la forma que tienes de compartirlo, celebrarlo y, sobre todo, de agradecerlo.  Celebrar la vida, la persona que tienes al lado, los amigos. Agradecer todos los días. Y sobre todo, tener la osadía y la inteligencia suficientes como para no dejarnos arrastrar por las falsas apariencias. No sabemos lo que nos perdemos.
(George Clooney es conocido por ser uno de los artistas más comprometidos con las causas solidarias y sociales. Junto a su esposa Amal, creó en 2016 la Fundación Clooney para la Justicia, una organización para avanzar en la justicia en los tribunales, aulas y comunidades de todo el mundo. También ha realizado donaciones para combatir el racismo en Estados Unidos, o a UNICEF para lograr la escolarización en Líbano de los menores sirios).


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domingo, 6 de enero de 2019

QUIERO SER COMO PAULO COELHO





El Derecho consuetudinario, también llamado usos y costumbres, es una fuente del derecho. Son normas jurídicas que no están escritas pero se cumplen porque en el tiempo se ha hecho costumbre cumplirlas. Esto quiere decir que se ha hecho uso de esa costumbre procedente de hechos que se han producido reiteradamente en el tiempo en un territorio concreto.

Últimamente, por falta de tiempo, cansancio, o tedio, no estoy muy al tanto de lo que se cuece en la sociedad. Ni siquiera en lo que al parte meteorológico se refiere. Aun así, y por aquello de que estamos bombardeados de “información” por todas partes, no he podido evitar observar una tendencia que se está convirtiendo en costumbre y que a este paso acabará convirtiéndose en parte de los usos y costumbres (de Derecho consuetudinario, mismamente), para una población completamente aborregada que se niega a despertar.
El caso es que parece que está de última colocar en la diana de la sátira, detracción y  reproche a un escritor que hace unos meses concedió una entrevista a una publicación más interesada, en mi humilde opinión, en ponerlo en la picota, que en hablar de “Hippie”, la última obra del autor septuagenario.

 De Paulo Coelho leí en su día El alquimista. También, Verónika decide morir y El demonio y la señorita Prim. Mi disco duro es bastante selectivo, hecho por el que me considero muy afortunada, dado el grado de estupidez con el que servidora se encuentra diariamente nada más abrir los ojitos con las claritas del día. El caso es que, debido a mi memoria de pez y a que tengo mejores cosas que hacer, no me voy a dedicar a hacer comentarios de texto sobre los libros que he leído o ha publicado el brasileño afincado en Suiza. Solo puedo decir que cuando leí algo de su obra, me sirvió. “Solo” eso.

 Me he tomado la molestia de indagar un poco sobre la trayectoria de este, según algunos: “Soberano gilipollas”, “Escritor favorito de las señoras”, “El 90% por ciento de las frases no son suyas, “Es un filósofo de pacotilla que escribe libros de autoayuda novelados para vender más; este tipo está muy lejos de acercarse a la Literatura”, del que muchos hablan con absoluta impunidad desde el desconocimiento. Una ignorancia  cimentada en  frases sacadas de contexto o en entrevistas que responden a determinadas tendencias políticas más que espirituales. Que lo espiritual, según parece, es cosa de cuatro colgados que se dedican a hacer coaching, Mind fullness, o yoga aeróbico, es un suponer. Yo conozco a mucho coaching de salón, de esos de haz lo que yo diga y no lo que yo haga, que solo buscan hacer caja.  También conozco a personas de muchos gremios que son unos embaucadores, farsantes y timadores. A saber: constructores, médicos, abogados, camareros y, por qué no, algunos de los que crees que son amigos, a quienes se les podrían atribuir los delitos que se le achacan al escritor. Pero es mucho mejor seguir al rebaño,  continuar con la mecha de la chispa prendida por cuatro gatos a los que ya les gustaría disfrutar de  la vida de la que goza el autor contra el que está de moda arremeter y que incluso tiene una página en una red social, llamada “Odio a Paulo Coelho”. De verdad que hay que estar majara. Pero es lo que conlleva ser libre para escribir lo que te dé la gana. Ser libre no es para cualquiera. Hay que ser valiente para quedar mal con mucha gente, despedirse de mucha gente y estar listo para ser odiado por mucha gente. Muchos de ellos licenciados en ignorancia, estigmatizados con la premisa de que para ser alguien hay que acumular conocimientos literarios, geográficos, paleontológicos, o conseguir un Nobel; gente que, simplemente, vive atormentada por la prosperidad ajena, eso que en el lenguaje del pueblo viene a  llamarse envidia. Envidia de alguien que tiene un currículum que ya quisiera para sí más de uno de los que le critican, insultan, y tratan a toda costa de denostarle.



Paulho Coelho nació el 24 de agosto de 1947 en Río de Janeiro. Cursó estudios en un colegio jesuita y desde muy joven manifestó su pasión por la literatura. Hasta 3 veces fue ingresado con 17 años para recibir terapias de electroshock en un centro psiquiátrico. A pesar de ello, siguió interesado no solo en la literatura sino en el teatro y la música. En los años 60 inició estudios de Derecho que nunca terminó; inmerso en el movimiento hippie a finales de los 60, sus inicios en el mundo de la cultura fueron en el teatro como autor y director. También compuso más de un centenar de canciones para ídolos de la música brasileña como Elis Regina y Raúl Seixas. Además trabajó como periodista y autor de obras para televisión. En 1970 realiza un viaje por México, Perú, Bolivia y Chile así como por Europa y el norte de África. En 1974 estuvo detenido en un centro militar de torturas por su simpatía con el movimiento de izquierda anticapitalista. Tras ser excarcelado se aparta del activismo político y se instala en Londres donde trabaja para discográficas como Polygram o CBS y también trata de dedicarse, sin demasiado éxito, a la literatura.
En 1988 descorcha su segundo libro” El Alquimista”. Y todo cambia. Fue primer best seller en una treintena de países. Vendió más de 10 millones de copias. “El demonio y la señorita Prym”, “Verónika decide morir”, “Once minutos”, son algunas de las obras que le siguen. Se calcula que ha vendido más de 140 millones de libros en más de 150 países y que ha sido traducido a 73 idiomas. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios y galardones, como la Orden Francesa de las Artes y las Letras, la Legión de Honor, el Premio Flaiano, el Budapest o el Fregene. Desde 2002 es miembro 21  de la Academia Brasileña de las Letras. Es mensajero de la paz de la ONU. Durante los últimos años ha promovido el acceso libre a gran parte de su obra permitiendo la descarga gratuita de algunos de sus libros a través de su web. Coelho también fue nombrado Consejero Especial del programa de la Unesco “Convergencias espirituales y diálogos interculturales”. Miembro del Consejo del Centro “Simón Peres” para la Paz. También es miembro de la Fundación Lord Menuhin. En 2014 creó una fundación Paulo Coelho virtual pareja a la fundación física con sede en Ginebra. En lo personal, lleva 40 años junto a la misma mujer. Para no aburrir al personal voy a dejarlo ahí, aunque hay mucho más.

A pesar de todo su historial, el titular que aparece en la última entrevista que concedió a un conocido periódico, es: “Borra todo, no quiero hacer esta entrevista”. La susodicha, comienza así:

 “Hippie” es la vigésima novela de Paulo Coelho, publicada en España de la mano de la editorial Planeta. Para hablar de su último libro, el autor nos recibió al atardecer en su magnífica casa suiza, en la que ha fijado su residencia hace ocho años, al pie del lago Lehman, con espléndidas vistas a Los Alpes, en pleno corazón de Ginebra. Acompañados de su mujer, la artista plástica Christina Oiticica, y asistidos por un atento mayordomo, impecablemente trajeado, comenzamos nuestra conversación, agasajados por infinidad de variados y delicados dulces”.

En la entrevista también se le recuerda lo rico que es, su experiencia con las drogas y el lugar tan fantástico en donde vive. Con respecto a su currículum, debajo de una foto suya se puede leer: Paulo Coelho en su casa de Ginebra. Nacido en Río de Janeiro, antes vivió en Londres, donde comenzó a escribir en 1977.  Y fin de la biografía.
Que cada uno saque sus propias conclusiones. La persona que escribe no solo mecanografía un pensamiento: tiene el poder de hacer despertar a otras personas, y también tiene la influencia de confundirlas. Está bien escribir sobre lo que se conoce, eso que se viene a llamar la realidad de uno mismo. Es preocupante escribir sobre lo que no se ha experimentado, vivido y, sobre todo, criticar aquello que no se ha sentido. En estos tiempos donde la escritura emana, en muchos casos, de descarados copia y pega,  en estos tiempos donde todo es mentira, se me antoja una osadía criticar por criticar. El ataque de quienes lo están sojuzgando resulta bastante cantoso. Si no fuera porque estoy trabajándome el  no juzgar,  yo diría que se percibe cierto tufillo  de envidia por parte de quienes lo vienen vapuleando desde hace rato.

Como decía al principio, de un tiempo a esta parte, a pesar de estar un poco desconectada del  “mundo real”, me llama la atención la tendencia de tirar piedras, dardos y todo lo que se tercie contra el autor. Uno de los pecados que se le atribuyen es el de escribir libros de auto ayuda. Parece que los términos autoestima, autoayuda, o amor propio, están muy denostados últimamente. Por lo visto, la vida nos la tienen que solucionar los políticos,  nuestros padres, nuestros hijos, o el adiestrador de aves que nos traumatizó la niñez al confesarnos que los niños no vienen de París envueltos en un pañuelo atado en el pico de una cigüeña.  Ayudarse uno mismo (autoayuda), con amor propio (autoestima), no es cosa de débiles, sectarios, o modernillos de tres al cuarto, sino más bien de personas con un alto nivel de inteligencia emocional, que no tiene nada que ver con  exhibir al mundo lo listo que es uno por acumular conocimientos de otras personas, países, o planetas, por decir algo. Es preocupante; no veo arreglarse las vidas de los que critican a quienes gobiernan, y en cambio, sí que veo evolucionar a los que trabajaban por arreglarse, trabajarse o viajar hacia el interior de sí mismos.
Todo escritor es un invento de sí mismo, utilizando, muchas veces, las vivencias que ha experimentado en un momento dado o a lo largo de su vida. Cuando publique mi libro, me haga súper millonaria y disponga de mi dinero para hacer y hacerme bien, estaré encantada de estar en el centro de la diana de aquellos que no van a disfrutar de las bondades de tener una buena vida. Mi buena vida. Y no solo por el dinero, sino por el bienestar que proporciona saber que algo de lo que has escrito ha valido  para aportar sabiduría y servir de impulso para aquellos que están buscando el camino al despertar, y no para aburrir con aportaciones culturetas que se pueden encontrar en los libros o en la red.
Hay un pensamiento atribuido a Jackson Brown que dice:

“La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento”. 

Sí, definitivamente, quiero ser como Paulo Coelho. Que ser rico no solo es una cuestión de dinero, que hay mucha pobreza mental y de espíritu en este mundo. Y para terminar, cómo no, una frase del protagonista de mi artículo. Quien, por cierto, si un día me lee y tiene a bien invitarme a su casa de Suiza frente al lago Lehman, estaré encantada de pasarme por allí y que su mayordomo, impecablemente trajeado, me agasaje con infinidad de variados y delicados dulces.
 Ahí va la frase:

 La violencia de la flecha dignifica el blanco. Muchas veces, en momentos en que me sentía juzgado con excesiva severidad por la crítica, me acordaba de esta frase.
-        Paulo Coelho

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